Barcos de sal: Un pedacito de la historia de Torrevieja

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Hasta mediados del siglo XX, la industria salinera era la principal fuente de empleo de los torrevejenses, y hoy en día Torrevieja es una de las principales productoras de sal en España, con una media de 600.000 toneladas anuales. Sin embargo, empleo no es todo lo que la sal ha dado a nuestra ciudad: Hoy hablamos de los barcos de sal, un emblema de la ciudad cuya fabricación casi se ha perdido por completo.

Cuadro de trabajadores salineros de Víctor García Villalgordo

Cuadro de Víctor García Villalgordo

¿Qué son los barcos de sal?

Los barcos de sal han sido, durante mucho tiempo, un recuerdo clásico de Torrevieja, fáciles de encontrar en el pasado y una auténtica rareza hoy en día. Se han empleado como premios en los Concursos de Habaneras y como obsequios a las grandes personalidades que han pasado por Torrevieja, y con razón; son objetos decorativos únicos gracias al peculiar aspecto que les dan los miles de cristales de sal que cubren su estructura.

La tradición de hacer barcos de sal comenzó a mediados del siglo XIX por los artesanos locales; Juan Pujol Torremocha, uno de los últimos artesanos de la sal que quedaban en Torrevieja, ya retirado, contaba en una entrevista realizada en 2016 que antiguamente, los barcos de sal los hacía la propia empresa salinera para obsequiarlos más tarde, y que en 1960 él se empezó a encargar del “cuaje” de los barcos de sal.

Barcos de sal en las lagunas de Torrevieja, foto de Miguel Pérez

Foto de Miguel Pérez

El proceso

El proceso para hacer un barco de sal es considerablemente complicado, y en aquel entonces requería que el artesano estuviese pendiente del barco día y noche hasta que se completase su creación.

Primero se monta la estructura del barco con esparto, varas de madera, tela e hilo de algodón. Cualquiera que pase por el Museo del Mar y de la Sal, uno de los rincones escondidos más curiosos de Torrevieja, puede ver el mimo con el que se crean estas maquetas; desde las jarcias hasta la arboladura, se cuida hasta el mínimo detalle.

Luego se sumerge en las aguas de las salinas; al principio, se fijaba al fondo con un ladrillo, pero en 1982 Antonio Fructuoso Ballester dio con una innovación para el proceso, sujetando los barcos a ambos lados de una tabla.

El momento de sumergir los barcos se conoce como el «cuaje», y su calidad depende de unas condiciones muy concretas, como el viento (los vientos de Levante, el preferido, o Nortes hacen el cuaje duro pero lento, mientras que los vientos Lebeches o Maestrales aceleran el cuaje, pero también lo hacen más blando) la salinidad del agua (que es óptima en verano), así como las propias actividades de la empresa salinera, que afectan al estado del agua.

El barco se mantiene bajo el agua durante tres o cuatro días, de las cuales sale del mismo curioso color rosa que poseen las aguas de la Laguna, y se deja al sol para que adquieran el color blanco de la sal.

Foto de los barcos de sal en las lagunas de Torrevieja y la Mata

Foto de Miguel Pérez

Maestros de la sal

Después de que el maestro Juan Pujol se retirase, hoy solo quedan dos artesanos en activo; Miguel Pérez, que aprendió del mismo Juan, y Manuel Sala. Ambos están jubilados, y disfrutan de un pase especial para entrar en las instalaciones salineras y disfrutar de su arte.

Hoy en día, debido a la mejora tecnológica y la automatización de muchos de los procesos, la plantilla de las salinas de Torrevieja se ha reducido a 160 trabajadores. Siendo como es la creación de barcos de sal un proceso que requiere tantas horas en las salinas, vigilando las esculturas y conociendo las Lagunas casi íntimamente, esta particular artesanía parece condenada a perderse.

¿Conocías este pedazo de la historia de Torrevieja? ¿Alguna vez has visto un barco de sal? ¡Dínoslo en los comentarios! Y no te olvides de suscribirte a nuestra newsletter si quieres estar al tanto de las noticias más interesantes de Torrevieja y la Costa Blanca.
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